sábado, 29 de septiembre de 2012

VIQUEJOS - Sierra Almenara


 Hace unos días realicé una salida con nuestra asociación de senderismo, Montemar Cartagena, a una zona casi olvidada, en un espacio natural escondido en la Sierra de Almenara, muy cerca de la diputación lorquina de Morata. Se trata de Viquejos, un valle perdido, que hasta hace poco más de medio siglo estuvo ocupado por unas cuantas familias adaptadas a este agreste medio físico. Hoy la zona son solo siete u ocho casas abandonas, en una ladera aterrazada de la falda de la montaña que acoge a este singular sitio sin calles, plazas, ni caminos, donde la rambla que lleva a Ugéjar es lo más parecido a una amplia senda para andar. El diario La Verdad, hace años publico un articulo, llamando a esta zona “Los fantasmas de Viquejos”.
¿Cómo es posible que sus pocos habitantes decidieran quedarse a vivir en este lugar?... el agua fue la culpable, un manantial del que además de beber su vital elemento, consiguieron esclavizarlo y hacer que moviera la rueda del molino, necesario para la molienda de sus granos.
Esta zona era, ¿es?, rica en tejon, jabalí, gineta, perdiz, liebre, zorro, paloma torcaz, donde los Viquejeros eran diestros en cazarlos por medios de sus cepos y trampas, curtiendo y vendiendo las pieles de estos animales en las pedanias cercanas.
Hacia un día esplendido para la excursión, cielo claro, despejado, y un poco de calor. Desde Mazarrón nos dirigimos a Morata (16 km.), seguimos hacia Campo López, y un kilómetro más adelante tomamos el camino de la izquierda, y a los pocos metros dejamos los coches junto a la pared de una nave, en la misma orilla del camino.
Izqda a dcha. Sebas, Maruja, Juli, Toñy, Bernardo, Pepi, Diego, Pascual, María José, Juan y Jóse
Pertrechados con nuestros bastones y mochila, que contiene nuestro tentempié para cuando hagamos un descanso y el agua, siempre necesaria, hacemos una foto de grupo iniciando la salida.
Seguimos el camino asfaltado hasta que se acaba, subimos un pequeño collado, donde unos metros más adelante a la izquierda encontramos un camión abandonado. A nuestro frente a unos mil metros, vemos el portillo, excavado en la montaña dejando un paso estrecho para poder acceder al valle de Viquejos.


Andamos hacia esa dirección; aunque hay que decir que se nota la sequía que esta padeciendo, no esta zona, sino toda la región, muy poca vegetación, algunos olivos y almendros diseminados. Al llegar al portillo vemos las casas abandonadas de Viquejos en la ladera del monte, en el otro lado de la rambla.
Parada en el Portillo
Viquejos desde el Portillo
Seguimos un kilómetro, descendiendo por la senda de la izquierda, hasta llegar a las ruinas del molino sito al pie de la Peña del Aguila, en el fondo de la rambla que nos llevaria hacia Ugíjar. Tomamos un bocado después de ver la casa abandonada y lo que queda del viejo molino y el horno moruno.

Rambla hacia Ugéjar



Regresamos, pero por la rambla hacia Viquejos, la cual estaba muy tupida por la vegetación, sobre todo por baladres. Antes de haber andado mil metros nos encontramos con dos grandes eucaliptos, la rambla ya es cómoda, tomamos un desvío a la izquierda, y comenzamos el ascenso a las casas de Viquejos.
Entrando en Viquejos
Desde la altura la vista del valle es magnifica, viendo un paisaje típico de estas fechas, muy seco, imaginándonoslo en la primavera todo pintado de verde, con las olores del espliego, tomillo y romero.
El silencio es casi absoluto, los móviles no tienen cobertura, sólo se escucha a lo lejos el ruido de un motor extrayendo agua.
Las pocas casas semiderruidas estan diseminadas, en una de ellas, en la pared hay un espejo donde se miraría sus habitantes, estaba seminuevo, y todavía tenia colgado de la base una pequeña bolsa bordada, cuyo fin, por el bordado que lleva, seria guardar el peine que utilizaban.

El Portillo desde Viquejos
Atravesando las cuatro casas seguimos una vereda que nos lleva a la rambla que dejamos anteriormente, pero más al oeste, donde se inicia la loma de Los González, alcanzaremos el camino en cuesta que nos lleva hacia el portillo, y más adelante a donde teníamos aparcados los coche. Así terminamos nuestra andadura en las ruinas que se están perdiendo, sin remedio, de este mundo rural.

Un alto en el camino
    Como siempre acabamos comiendo en las cercanías, en este caso en la venta de Celestino y Cari, en Morata, donde nos sirvieron ensalada, embutidos de la zona, conejo al ajillo, frutas y diversos postres caseros, sin faltar las bebidas, y culminando el festín con un “asiático”, y todo a un módico precio (9 €).

    
      Fue una mañana distraída y amena, disfrutandola con nuestros amigos del grupo senderista.

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